Del latín: in, privativo y bacula, fundamento. Los imbéciles piensan y actúan sin fundamento. Son una suerte de inválidos. En una Venezuela consentida por la Providencia, en la que abundan los recursos naturales, el hombre normal no mediocre, tiene inmensas posibilidades de desarrollar para si mismo, bienestar, riqueza y honorabilidad. Quien no es capaz, por carencia fundamental, de aceptar esta realidad no es mas que un imbécil. De allí su inclinación a las trampas y a las sórdidas combinaciones: el corrupto es un marginal, inválido y, termina por ser una carga para la sociedad como cualquier otro impedido, pero con un agravante. Los impedidos son una carga pasiva cuyo costo es estimable, aprehensible y se puede planificar. El corrupto quien, por imbécil, causa daños de tan diferentes y variadas categorías, logra desestabilizar. El inválido, marginado por su condición física, es digno de solidaridad social. El imbécil cuya marginalidad es la corrupción, es un azote, como lo son asaltantes, asesinos y terroristas. Son una plaga en cualquier nación y, cosa curiosa, no se conoce ninguna ley, ni reglamento, ni Constitución que prevea la inhabilitación de los imbéciles para asumir cargos de responsabilidad. Es así como en nuestra Venezuela, entre los requisitos que se determinan para el ejercicio de cargos públicos, tales como los de senadores, diputados, jefatura de gobierno o rectores de importantes instituciones se requiere la mayoría de edad, la venezolanidad por nacimiento y en algunos casos, pocos, determinadas condiciones profesionales y experiencia, pero que yo sepa, en ningún caso, se excluye la imbécilidad, como requisito previo. De allí nace una diferencia entre el sector político y la sociedad civil, y como ninguna verdad es integral, es de reconocerse que los imbéciles del sector privado encuentran con frecuencia, en sus semejantes del sector público algo mas que una simple simpatía, que atrae por naturaleza , entre si, los seres quienes padecen de la misma enfermedad. Es así que los imbéciles del sector privado agregan a esa simpatía, relaciones de amistad y, en muchos casos concretos, unas entrañables complicidades. Aunque pareciera algo así como un chiste o una travesura de la mente, la conexión del imbécil de la sociedad civil y el del poder político es una de las características típicas de las sociedades subdesarrolladas y de la fragilidad de sus sistemas políticos y sociales. Los sociólogos -muchos podría citar- han estudiado con suficiencia, como una de las causas del subdesarrollo, son los bloqueos mentales de sus dirigentes. Mejor decir la presencia de imbéciles en su dirigencia. El fenómeno esta esparcido por África y gran parte de Latino America, pero lo que es menos justificado es que en Venezuela esta vigente, con los recursos de que disponemos. Hay un tinte de paranoia en la imbécilidad criolla. Pareciera que nuestras estructuras culturales y legales han tendido a la conservación de los privilegios de los imbéciles. Esta situación esta claramente expresada en la crisis actual del País. Ejemplos para ilustrar la tesis sobran. Recomiendo a los profesores de sociología, de ética y a los politólogos una tournée para observar en el terminal de Maiquetía la llegada de un vuelo internacional. No existe mejor muestrario de la conducta de los imbéciles. El pasajero racional, de la especie sapiens evolucionada se somete tranquilamente a las reglas. El imbécil, en cambio, es recibido por uno o varios escoltas pagados y, salta descaradamente las formalidades de inmigración y aduana y, lejos de avergonzarse mira con desparpajo a la gente civilizada. El imbécil es un incapaz cercano al primate. No entiende ni siente que, es a través de leyes y reglamentos, y formalidades que se sostienen las instituciones de que él se beneficia y que es, en el principio de la igualdad entre todos, que se fundamentan las sociedades modernas. El imbécil es un señor feudal trasnochado, quien cambia su espada y su honor por un celular. En Maiquetía, el espectáculo es folklórico; merece la curiosidad de los turistas, pero cuando el mismo comportamiento se repite a nivel nacional en las instancias del poder político y económico está, pura y simplemente, planteada la desestabilización. Se me dirá que la Educación, con el tiempo, aumentará la proporción de la gentes racionales en contra de los imbéciles y que hay que tener paciencia. Mientras eso ocurra, una dosis de fumigación como la que se practica contra el zancudo anófeles es lo recomendable.
ELOY ANZOLA
jueves, 27 de marzo de 2008
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